Las matronas no entendían lo que estaba pasando. Acababan de ayudar a una chica

británica de 16 años a dar a luz a su primer hijo pero en cuanto terminó el alumbramiento, la madre que les dio problemas no fue la adolescente primípara, sino la abuela del bebé. Arremetiendo en la escena de una forma que luego describieron como "forzosa y falta de tacto", intentó impedir que la chica diera de mamar al recién nacido, alegando que "no queremos que le cojas nada de cariño". Algo que parecía contradictorio con lo que veían las profesionales.
La chica no quería que su madre sostuviera al recién nacido y, tras llamar a los servicios sociales, entendieron por qué: esa madre falta de tacto era la que había obligado a su propia hija a a quedarse emabrazada para que ella pudiera tener otro hijo a pesar de que tenía prohibido adoptar más.